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Bésame

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Sólo uno más

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Corazón polilla

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Marina hace ya tiempo que no duerme sola. Aunque ninguna figura humana le dé las buenas noches, Marina hace ya tiempo que no despierta sola.

Todo comenzó la primera noche que Marina habitó la nueva casa. Era vieja, cierto, pero los ruidos cotidianos no se correspondían con los que salían de la alacena. No tuvo miedo aunque sí cierto desasosiego al comprobar, abriendo la puerta, que nada había allí dentro.  Nada. Ni trastos usados, ni siquiera una mesa desvencijada.  Nada. Sólo cuatro paredes pintadas de gris y una sensación de habitabilidad que no se correspondía con el vacío del pequeño cuarto. Y el ruido de un animal que se hacía cada vez más presente. Pero no visible. No hoy.
Marina no salía casi de casa. Una extraña enfermedad diagnosticada mil veces le paralizaba hasta que, casi inmóvil, se obligaba a contar las horas sentada en la mecedora del salón. Podría decirse que, cansada de mil pruebas, se había rendido. Los psicólogos, los especialistas, los psiquiatras… nadie le dio nunca re…

Secretos

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Ella llora en el balcón de su casa recién comprada como todas las noches. Él quiere vender su casa porque ya no reconoce el barrio. Ella quiere adoptar un gato. A él se le murió la tortuga hace ya tres años y no contempla vivir con nadie. Dice nadie y se le llena la boca de tierra. Ella siente cada noche cómo mastica, casi literalmente, arena. Se despierta, huye al balcón y escupe la arena hacia abajo. Él se despierta sobresaltado todas las noches y pinta, sin saber por qué, un gato, dos gatos, tres gatos… Ella friega el balcón con sus lágrimas. Él la observa por primera vez. Pinta un gato, hace un avión de papel y se lo lanza a ella, que sigue enjuagando lágrimas con la fregona. Ella mira al gato, le mira a él, se seca la cara y se mete dentro de la casa recién comprada. Él espera una noche. Le envía otro gato. Un gato, dos gatos, tres gatos… Ella recoge los aviones como cada día. Se introduce en la casa como cada día. Y vuelve al balcón, como de costumbre. Ya no llora. Ya no hay …

Recortes

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- ‘Es como cortarse el pelo’, me dijo. 
- ‘Pero me duele’, me quejé.
- ‘Eso es imposible. Es como cortarse el pelo. No llores’ Y me dejó sólo las raíces. El peso, que ya no era tal, de mis alas me obligaba a caminar más erguida. Era más alta, lo veía todo desde otro ángulo. Me deshice de mis sueños y comencé a ver los de los otros. Vi la injusticia, la sangre, el horror, el vacío…. Vi una sonrisa, una hormiga voladora, una pareja de amantes… Mis alas comenzaron a brotar de nuevo. Pero mis sueños ya no pesaban tanto. Estas alas nuevas estaban construidas con los sueños y miradas de otros y me obligaba a caminar con la cabeza alta del que se ha desprendido del peso de su propia historia. Entonces el hombre horrible llegó de nuevo con sus tijeras. - ‘Es como cortarse el pelo’, me dijo. Y, de nuevo, empezó a dar tijeretazos. - ‘Corta, corta’, le dije, ‘ya verás cómo nacen más fuertes’

"¿Se pueden inventar verbos...?"

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"...hoy somos libres..."

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